Jovencitas
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Soñaba yo plácidamente en mi camita del hotel cuando un leve sonido me
despertó. Era ella, Lilian mi amiguita, que estaba en la cama de al lado
al teléfono con el amor de su vida. Estando con la luz baja, apenas se
podía ver algo, pero la oía intercambiando frases llenas de erotismo y
calentura.Se contaban las escenas mas calientes que se pudieran imaginar y
las manos de ella subían y bajaban pos sus piernas mientras hablaba.Ella
estaba bajo las sábanas, pero al calor de su charla fue moviéndose hasta
que sus miembros fueron quedando expuestos y pude ver sus manos
recorriendo su piel. Yo no despegaba la vista de ese espectáculo tan
maravilloso. Alguna vez tuve alguna experiencia con otras chicas, pero
ella me encantaba y jamás habíamos tenido nada juntas. Ella me había
aclarado muchas veces que no pretendía nada con mujeres y yo quería
respetarla, aunque eso no lograba sacármela de la mente.Me levanté apoyándome
sobre un codo para verla mejor. Ella pensaba que yo dormía plácidamente
así que no puso mayor cuidado en seguir con lo suyo, y a medida que fue
calentándose mas y más con la varonil voz de Víctor, el hombre que le
llenaba la mente fue metiendo su mano bajo la tanga para masturbarse de la
manera más rica que yo haya podido ver jamás.En una de esas volteó y me
descubrió, quedándose quieta, sin saber que hacer ante la vergüenza de
verse descubierta de aquel modo. Yo solo sonreí cómplicemente y le dije
- ¿qué haces amiguita? ¿Es él?- Ella se rió entonces asintiendo con
la cabeza. Seguramente él le estaba contando las partes más calientes de
su platica y ella me llamó con una mano para que me acercara a oír. Salí
entonces con mi pequeña camiseta de dormir y me senté a su lado,
cuidando de que una de mis piernas quedara pegada a la suya. Ella no prestó
atención a eso.
Cuando cogí el teléfono, llegaron a mis oídos las palabras y gemidos mas eróticos que pueda recordar en la voz más varonil del mundo.Le devolví el auricular diciéndole en voz baja: Sigue tu, disfruta a tu amor que esto me calienta demasiado. Pero ella me impidió hacerlo, sin saber todo lo que provocaba con ello. Entonces le dije: Pon así el teléfono.Colocándolo entre las dos orejas para que ambas oyéramos. -¿Te importa si hago lo mismo que tu? Ella negó con la cabeza y de pronto estuvimos allí las dos masturbándonos cada una oyéndolo a él coger con gran pericia telefónica.De pronto nos excitábamos y de pronto nos reíamos de lo que estábamos haciendo. De pronto, al movernos cada una, como parte de las cosas que hacíamos
para disfrutar mas nuestra masturbación, nuestras piernas comenzaron a
rozarse. En algunos momentos nuestras miradas se entrecruzaban y yo no quería despegar la mía de la suya. Recosté mi cabeza en su hombro y ella me dejó hacerlo mientras el placer me recorría.Ella tomó el teléfono de nuevo para decir su parte en el juego erótico y fue cuando yo ubique mis labios sobre sus hombros para comenzar a besarlos. Volteó a verme como diciendo no, pero yo continué. Ya con mas libertad, fui bajando de sus hombros a su pecho, y me acerque a oler sus axilas y su pecho, encantándome el olor y el sabor de su sudor. Entonces ya no tuve fronteras, comencé a besuquear sus tetas y al no recibir limites, me decidí a mover su sostén y a lamérselas. Ella abrió sus piernas y me hizo espacio, colocándome yo entre ellas para seguir mamándola. Las palabras que comenzó a decir fueron cada vez más fuertes, haciendo que su hombre seguramente se encantara de lo que oía.Mi boca bajo de sus tetas a su vientre y de allí a su tanga la cual comencé a mordisquear sintiéndola a ella entregada finalmente a mis deseos gracias a la voz de aquel amigo mío que la calentaba tanto. Con mis dedos moví el fondo de su tanga, descubriendo su vagina, la cual comencé a lamer después de olérsela. Ella comenzó a gemir mas fuerte al sentir mi lengua cogiéndosela y a los pocos minutos la sentí estallar en un orgasmo delicioso. Tras sentirla venirse me quede abrazada a sus piernas mientras ella se despedía de su amor, y tras colgar la llamada me acaricio el cabello diciéndome: -Imelda Putita, eres una traviesa perversa, habías quedado en portarte bien. Yo sonreí levemente y le dije con un airecito inocente: ¿Me perdonas
amigocha? Y ambas estallamos en carcajadas. Nos abrazamos con cariño y le
di un suave beso en los labios. Ella correspondió a mi beso y con sus
brazos me recostó en el colchón. - Ahora vas a ver- me dijo y fue
llevando sus manos por mi pecho, apretándome las tetas de una manera
deliciosa para luego llevar sus dedos llenos de su flujo bajo mi tanga
para comenzar a masturbarme.
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